Hay formas más o menos amables de empezar la semana.
Esta es una de ellas.
No son canciones pensadas para activar, ni para empujar. Tampoco para distraer.
Son, más bien, una manera de entrar en el día con cierta pausa. De ajustar el ritmo antes de que todo empiece a acelerarse.
Escuchar sin prisa, aunque sea unos minutos, sigue siendo una forma válida de ordenar el mundo.
